El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y Mercosur es uno de los más grandes y ambiciosos del mundo, según diplomáticos de la UE, España y Cataluña. Pero para que se implemente por completo, las economías de ambos bloques deberán adaptarse a la competencia y a las nuevas reglas comerciales.
Aunque su firma —después de más de 20 años de negociaciones— marca un hito histórico y promete un notable aumento de las exportaciones e inversiones argentinas en las próximas décadas, ese resultado no podrá alcanzarse sin ciertos “sacrificios.”
La advertencia vino del embajador de España en Argentina, Joaquín María de Arístegui Laborde, en el Foro Económico Cataluña-Cono Sur celebrado en la Cámara de Comercio de Argentina.
Arístegui advirtió que “nada es magia ni gratis — va a exigir sacrificios.” Subrayó que el acuerdo de libre comercio “es una apuesta por la prosperidad compartida” entre los dos bloques, pero que inevitablemente requerirá “cambios legales y comerciales,” entre otros ajustes.
“¿Realmente crees que cuando España se unió a la UE no sacrificó nada?”, declaró el diplomático español, señalando que desde que España se integró en el bloque europeo, su economía es ahora la que “ha contribuido más al crecimiento y la creación de empleo” a la UE en los últimos años.
En la misma línea, el delegado del gobierno catalán para el Cono Sur, Josep Vives i Portell, recordó que en la etapa previa a la entrada de España en la UE “hubo mucho escepticismo,” pero señaló su impacto positivo, especialmente en ciudades españolas importantes como Madrid, Barcelona y Bilbao.
“Esto va a ser muy complicado, pero va a ser emocionante,” dijo Vives, añadiendo que “cuando miramos este laberinto de regulaciones” — en alusión a las 4.000 páginas que componen el acuerdo — “no deberíamos asustarnos; al contrario, debería impulsarnos.”
El impacto en la industria argentina
En otro momento de sus declaraciones, Arístegui reconoció que “tendremos que ver qué impacto tiene en la industria de la provincia” — refiriéndose a la provincia de Buenos Aires.
Añadió que “el éxito de este acuerdo dependerá de que los ciudadanos comunes lo noten, no solo los productores de miel,” aludiendo al primer envío de miel argentina bajo el acuerdo.
La provincia de Buenos Aires es el epicentro industrial de Argentina: allí se genera el 50% de la manufactura del país, y además es la región que ha resultado más afectada por la liberalización comercial y la caída del consumo bajo el gobierno de Javier Milei.
Eric Hoeg, embajador de la UE en Argentina, dijo que las economías de los dos bloques son complementarias, y que juntas crean “la mayor zona de libre comercio del mundo, con 700 millones de personas, que representan el 35% del comercio global”.
“La UE tiene una ventaja competitiva en maquinaria, vehículos, productos farmacéuticos y químicos. Mercosur exporta alimentos, energía, materias primas y ciertos bienes industriales, y también tiene mucho potencial en servicios,” afirmó.
Según Hoeg, “la provincia juega un papel fundamental” en el futuro, ya que “las empresas van a contar con nuevas oportunidades” gracias a la apertura de un mercado de alto poder adquisitivo con previsibilidad tarifaria.
“Para las pequeñas y medianas empresas de Mendoza, Córdoba, Santa Cruz o Gran Buenos Aires, eso significa poder planificar una exportación,” dijo. Añadió que esta previsibilidad “es quizá el activo más valioso del acuerdo, y el que determina la inversión a 10, 20, 30 años vista.”
Ganadores, perdedores y reinvención
La minería se destacó como uno de los sectores más comentados entre los ponentes. Hoeg, por ejemplo, afirmó que “la transición energética europea necesita litio y cobre,” de los cuales Argentina “posee reservas de clase mundial.”
“El inversionista europeo no busca extraer y marcharse, sino incorporarse a la cadena de valor local, transferir tecnología y respetar los más altos estándares ambientales,” añadió.
José Antonio Ardavín, jefe de la División de América Latina y el Caribe de la OCDE, llegó a una conclusión similar.
“América Latina y el Caribe ocupa una posición estratégica en este suministro global de materiales críticos: la región concentra el 40% de las reservas de litio y el 32% de las reservas de cobre,” dijo.
Sin embargo, no todos los sectores de la economía comparten el mismo destino. Romain Zivy, director de la oficina de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en Argentina, explicó que junto a la minería, los sectores energético y agroindustrial serían los grandes ganadores en Mercosur.
En cambio, estarían la manufactura, junto con la producción de lácteos y vino, los cuales se ven perjudicados por las barreras comerciales que la UE impuso para proteger su propia producción.
“El acuerdo es una oportunidad para que el bloque reduzca las brechas de competitividad, no solo en la producción,” señaló Zivy, destacando la necesidad de “fomentar el desarrollo de proveedores locales basados en actividades con ventajas comparativas que se beneficien del acuerdo.”
En la misma línea, Ardavín señaló que la región tiene experiencia exportando materias primas, “pero el desafío es mucho más que exportar.”
“Significa ver cómo podemos avanzar para convertir esa riqueza mineral en capacidad productiva, innovación e incluso procesamiento y desarrollo industrial sostenible,” señaló.
La industria automotriz
Zivy, de la CEPAL, subrayó que el comercio entre los miembros de Mercosur ha caído del 28% en los años 90 al 12% en la actualidad.
“Va en contra de las tendencias de otros bloques en el mundo, y nos parece una señal de alerta,” advirtió.
Al respecto, señaló que el 25% del comercio intrablo está en el sector automotriz, considerado “el principal motor de la integración” de la región. Pero ahora “se enfrenta al desafío de la creciente demanda de coches eléctricos chinos.”
Ardavín añadió que “Mercosur — y Argentina y Brasil, en particular — tiene una industria automotriz muy sólida, con una tradición de exportación.”
Por ello, planteó la posibilidad “de que la industria pueda reorientarse para centrarse en este tipo de vehículos [eléctricos]”, aprovechando asimismo los depósitos de minerales críticos de la región.
“Dadas las circunstancias que estamos viviendo, con la geopolítica que estamos experimentando, la integración y la construcción de cadenas de valor en la región se vuelven esenciales,” concluyó.