El presidente Javier Milei anunció este jueves los detalles de su plan para reformar la Carta del Banco Central de la República Argentina (BCRA), una de las piedras angulares de su agenda económica para los próximos meses.
Lo hizo en la televisión nacional, una plataforma que ya ha utilizado en el pasado para anuncios económicos, como la presentación del proyecto de presupuesto para 2026.
En su discurso, Milei explicó los detalles de su plan de cinco puntos, que busca redefinir el papel actual de la autoridad monetaria.
En primer lugar, la reforma busca establecer un mandato único al despojar a la BCRA de sus actuales objetivos competidores: estabilidad financiera y monetaria, pleno empleo, equidad social y desarrollo económico. Según el presidente, la “única responsabilidad” del banco es preservar el valor de la moneda.
Para evitar futuros picos inflacionarios, la reforma también prohibirá estríctamente que el Banco Central financie el gasto público. El tercer punto pretende servir de salvaguarda para la dirección de la BCRA frente a destituciones políticas arbitrarias, con el fin de fortalecer la gobernanza institucional.
En cuarto lugar, la iniciativa restringe la distribución de dividendos derivados de las ganancias del Banco Central. Por último, la administración pretende eliminar por completo las letras no transferibles.
Milei explicó que la iniciativa forma parte de un programa de reforma más amplio que también incluye la creación de una “ancla fiscal”, un mecanismo que activaría un cierre del gobierno si el Congreso no logra restablecer el equilibrio de las cuentas públicas.
Un debate pendiente
El economista Carlos Pérez, de la think tank de centro-derecha Fundación Capital, dijo al Herald que toda medida que interrumpa la financiación del sector público por parte del banco central es “bienvenida porque es un factor clave que explica la muy alta inflación que Argentina ha experimentado siempre.”
Cuando Milei asumió el cargo en diciembre de 2023, el déficit cuasi-fiscal —los intereses que paga el Banco Central por emitir sus propios valores para absorber pesos del mercado, que constituían la principal fuente de oferta monetaria— se situaba en torno al 10% del PIB.
Pérez describió esta decisión como una herramienta “muy útil” para lograr el objetivo de reducir los niveles de inflación en Argentina.
Comparó la situación de las últimas décadas —marcadas por la inflación creciente— con lo que sucedió en los años noventa, cuando el peso estuvo anclado al dólar estadounidense. El régimen económico, conocido como convertibilidad, se implementó para controlar la hiperinflación que Argentina vivió a finales de la década de 1980.
“Entre 1992 y 2001—casi diez años—, la inflación fue inferior al 5% anual.”
El director de Analytica, Claudio Caprarulo, añadió que cualquier cosa que contribuya a una mayor fortaleza institucional, previsibilidad y expectativas alineadas respecto a la política monetaria “es importante.”
También subrayó la importancia de mejorar la comunicación institucional de la agencia, ya que históricamente ha mostrado reticencia a hablar públicamente con la prensa.
Un ejemplo de ello ocurrió en mayo, cuando los funcionarios de la entidad brindaron una conferencia de prensa para presentar el Informe de Política Monetaria del Primer Trimestre de 2025 (IPOM, en español), prometiendo realizar nuevas conferencias cada vez que se publique un IPOM.
Sin embargo, enfatizó que la reforma de la BCRA debe acordarse con las demás fuerzas políticas.
“Así como Milei ahora quiere cambiarla, el kirchnerismo la cambió previamente, y otro gobierno podría cambiarla de nuevo en un futuro cercano.”
El exdirector de la BCRA, Jorge Carrera, dijo al Herald que el papel de la BCRA y de la política monetaria son cuestiones “que deben discutirse”, pero cuestionó los motivos de Milei para abordarlas en este momento.
“Como carecen de las herramientas para resolver los problemas muy complejos de la situación actual —como el estancamiento del 80% de la economía—, la estrategia del gobierno aquí es generar estos titulares que desvían la atención del debate económico más amplio,” afirmó.
Afirmó que, además de discutir el tema de la oferta monetaria, “también debemos discutir el tema de la deuda externa del gobierno” y su aprobación previa por parte del Congreso. “Ya hemos visto que esa deuda, en general, lleva a una crisis, lo que a menudo resulta en una expansión de la oferta monetaria,” afirmó.
Durante la administración de Alberto Fernández, se aprobó una regulación que estipulaba que todo financiamiento externo debía ser aprobado por ley. Sin embargo, cuando llegó el momento de renegociar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la administración de Milei aprovechó una laguna legal y aprobó el nuevo acuerdo mediante decreto.
Carrera señaló que los bancos centrales con objetivos únicos han dejado de existir desde la crisis financiera de 2008. Esto se debe a que la lección principal de esa experiencia fue concluir que colocar a las personas responsables de la estabilidad financiera y la regulación fuera del banco central era una “mala estrategia institucional.”
De igual modo, Caprarulo señaló que “en ciertas situaciones definidas,” tiene sentido que el banco central emita moneda. Además, añadió que la política monetaria “no debe estar restringida hasta el punto de no poder reaccionar ante una crisis o un choque externo,” como la pandemia de COVID-19.
Añadió que “el gobierno busca enviar una señal principalmente a acreedores externos, tanto privados como multilaterales.”
Las contradicciones de la propuesta
El director de Analytica enfatizó que, dada la situación actual de Argentina, es poco realista esperar una política monetaria “completamente desvinculada” de las decisiones que toma el ministerio de Economía.
“Tiene que estar alineada; de lo contrario, tienes un problema.”
Argentina se encuentra en una situación delicada, tanto por su alta inflación —que el mercado espera que vuelva a 30% anual para 2026— como por su bajo nivel de reservas. Según estimaciones de Portfolio Personal Inversores, las reservas netas al 21 de julio ascendían a apenas US$5.000 millones.
El ministerio de Economía y la BCRA coincidieron en que mejorar ambas variables era una prioridad y que la mejor forma de lograrlo era colaborar para evitar interrupciones en la planificación de la política económica.
El jefe de la BCRA, Santiago Bausili, dijo incluso al Herald en mayo que la autonomía de la autoridad monetaria no formaba parte de la agenda en ese momento.
“La BCRA no es independiente cuando se trata de coordinar el programa económico; está totalmente alineada con el ministerio de Economía. Eso es mucho más importante que intentar crear una situación en la que alguien resista financiar al Tesoro mediante la impresión de dinero,” afirmó en ese momento.
Sin embargo, la decisión de Milei parece ir en la dirección opuesta, lo que genera preguntas sobre lo que hará si se aprueba la ley.
«La propuesta de Milei está llena de paradojas», afirmó Carrera, quien describió a Bausili como “el banquero central menos independiente que uno pueda imaginar.”
Es sabido que el actual ministro de Economía, Luis Caputo, fue compañero de Bausili durante años en la firma de consultoría Anker, hasta que ambos fueron designados por el gobierno libertario a fines de 2023.
«Eso dista mucho de la idea de una trayectoria independiente», afirmó Carrera.
Caprarulo hizo la misma observación: “¿Cómo va a garantizar el gobierno la independencia del BCRA si su presidente forma claramente parte del equipo del ministro de Economía?”
“¿Es esto solo un cambio de forma, o realmente habrá un cambio en la forma en que el gobierno concibe la política monetaria?” preguntó Caprarulo, quien se preguntó si la junta directiva del banco central vería un cambio en su composición si el proyecto de ley se aprobara.
Esto no se limitaría a la cercanía —o influencia— entre el ministerio de Economía y la BCRA. Milei ha confirmado en varias ocasiones que intervino explícitamente en la política monetaria de la Central.
Uno de los casos más significativos fue la eliminación paulatina de los instrumentos de deuda LEFI (títulos de liquidez de tesorería) a mediados de 2025 — lo que desencadenó una corrida cambiaria en medio de las elecciones legislativas. El propio Milei confirmó que fue idea suya.
¿Hacia un banco central como el peruano?
El equipo económico ha enfatizado que su objetivo es emular el modelo económico de Perú. Esta idea pone especial énfasis en el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), conocido por su autonomía.
“En los últimos 20 años, el presidente del BCRP de Perú ha sido Julio Velarde,” explicó Carlos Pérez. Por otro lado, los presidentes de Perú desde 2016 han permanecido en el cargo en promedio alrededor de 1 año y 3 meses.
“Más allá de los nombres individuales, se trata de respetar la independencia necesaria que debe tener el Banco Central,” afirmó Pérez. “El régimen monetario y cambiario trasciende la política y opera más allá del clima político actual.”
Carrera afirmó que el caso peruano “tuvo la ventaja de contar con alguien que hizo su trabajo de forma muy inteligente,” en referencia a Velarde, en un contexto en el que “el sistema político tenía problemas graves.”
En cualquier caso, aclaró que uno de los objetivos más importantes del BCRP está vinculado a la estabilidad financiera — uno de los fines que Milei quiere eliminar de la carta.
Caprarulo, por su parte, enfatizó que existen “acuerdos políticos y sociales que mantienen [la autonomía del BCRP] vigentes,” asegurando que no dependa exclusivamente de cómo está organizado el banco central peruano.