El martes, una publicación en X sobre la morosidad en Argentina superó las dos millones de visualizaciones. La escribió Matías Fernández, fundador de la consultora Pública, quien trabajó con los microdatos de la Central de Deudores del Banco Central cruzados con el padrón de la autoridad tributaria (ARCA).
El incremento de la mora y su impacto en la agenda pública es un tema que hemos seguido en el Herald durante varios meses. A fines de junio ya avisábamos que la mora estaba en niveles récord y, a mediados del mes pasado, informábamos que los bancos se mostraban “escépticos” frente al plan del gobierno de relanzar el crédito, justamente por la elevada mora.
Fernández fue categórico al afirmar que Mercado Pago, la empresa creada por el empresario y simpatizante de Milei, Marcos Galperín, era “el mejor alumno, no el peor”.
Añadió además que la empresa llevaba a cabo un “ejercicio ambicioso de inclusión financiera” con “un cuidado extremo ante el riesgo”.
Estas afirmaciones eran su opinión personal. Eso es perfectamente válido; el problema es que en su texto estas conclusiones se presentaban como elementos lógicos derivados de los datos.
Un debate en el candelero
Aunque el debate sobre mora y falta de pago de créditos en Argentina abarca a entidades de todo tipo, la mayor parte de las críticas se dirigía a las entidades no bancarias por los altos niveles de tasa de interés que cobran a sus clientes.
Los números presentan el escenario de forma inequívoca. En febrero (último dato disponible), la tasa real de los préstamos personales de las fintech (193,5%) era más de cuatro veces mayor que la de los bancarios (47,3%).
Galperín respaldó el trabajo de Fernández y lo calificó de “un análisis serio y bien hecho”. El presidente Javier Milei también lo hizo, asegurando que dejaba en evidencia “la opereta” de los periodistas que señalaban a la empresa.
Herald Editor-in-Chief Estefanía Pozzo le preguntó a Fernández por redes si su posteo formaba parte de una campaña de comunicación de crisis implementada por su agencia (Pública) para Mercado Pago. En la página de Pública, la empresa de Galperín figura como cliente de la consultora.
Fernández respondió que todo lo que había escrito era su opinión. El diario La Nación también confirmó que la consultora de la que Fernández es socio presta servicios a Mercado Libre y Mercado Pago, algo que él no negó.
“Está todo bastante claro”, dijo.
Lo que pasó después fue lo previsible. La discusión dejó de ser sobre la mora y pasó a ser sobre quién habla, para quién trabaja y de qué lado está.
El presidente insultó a los periodistas. Los periodistas respondieron. Y la persona que abre una app y ve que debe tres cuotas de su crédito quedó exactamente donde estaba: sin saber cómo resolver su problema.
La información debe poder ser accesible (y entendible)
Hay que dejar en claro algo: que el autor de un análisis tenga un cliente no vuelve falsos los números de su posteo. Fernández trabajó con datos públicos y buena parte de lo que muestra es verificable.
Ese hecho, sin embargo, tampoco es indiferente.
Cuando alguien difunde un estudio que favorece a una empresa para la que trabaja, quien lo lee tiene derecho a saberlo. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo y ninguna de las dos se resuelve insultando.
El problema de fondo es otro y más viejo que este hecho en particular. Los datos sobre la mora en la Argentina están en la Central de Deudores del BCRA, en los informes sobre bancos, en el informe semestral de proveedores no financieros de crédito. Son datos públicos y cualquiera puede bajarlos.
El problema real es que casi nadie puede usarlos y pocas personas pueden entenderlos.
Son planillas de cientos de miles de filas, con nomenclaturas del régimen informativo del Banco Central. Hay categorías que cambian de nombre de una edición a otra y notas al pie que aclaran que tal serie no es comparable con otra.
Para leerlos hace falta tiempo, varios software y saber qué se busca.
Esa distancia entre el dato público y el dato utilizable es donde se instalan las operaciones. No importa de qué lado vengan. Cuando nadie puede chequear, gana el que grita más fuerte o el que tiene más alcance.
Nuestra apuesta en el Herald es otra. El periodismo que nos gusta es el que hace preguntas y brinda información para que cada persona construya su propia postura, no para que adopte la nuestra como la única posible.
Por eso, desde el Buenos Aires Herald desarrollamos Deudores, un chatbot que responde preguntas sobre mora, crédito, deudores y tasas de interés del sistema financiero argentino. El genio técnico detrás de este desarrollo es Adrián Fernández (sin parentesco con el analista citado más arriba).
A nuestro chatbot se le puede preguntar cualquier dato: cuánta gente está en mora en una provincia, cuánto debe en promedio alguien de determinada edad, cuánto cuesta un préstamo en una fintech comparado con uno en un banco, cuánto creció el crédito en el último año, qué porcentaje de los morosos debe menos de un salario mínimo.
No responde sobre regulaciones, porque esa información no fue cargada.
La base de datos usada es casi la misma con la que trabajó Fernández en su posteo de X, aunque nosotros le agregamos la información oficial sobre tasas y otros datos extra.
Trabaja con la Central de Deudores del Sistema Financiero del BCRA a junio de 2026, las series de tasas de interés del Banco Central y el informe semestral de proveedores no financieros de crédito, el padrón de ARCA a julio de 2026 y datos del INDEC: IPC, Encuesta Permanente de Hogares y Censo 2022.
Queremos dejar tres advertencias. La primera es que todos los datos están agregados: no hay información de personas identificables, ni la habrá.
La segunda es que el sistema puede equivocarse, como cualquier herramienta construida sobre un modelo de lenguaje (LLM), por lo que publicamos una nota metodológica con el detalle de cada fuente y de cada límite.
La tercera es que esta herramienta no reemplaza al periodismo. Es más bien una puerta de entrada a los datos para que después puedan discutir con nosotros, con el Gobierno o con quien ustedes quieran.
La interfaz está en español, pero se le puede preguntar tanto en castellano como en inglés. Si no sabés por dónde empezar, podés escribirle “¿qué puedo preguntar?”.
Esperamos que sea de utilidad.
Nuestra lupa a los datos
En febrero de este año, el 27% de todo lo prestado por entidades no bancarias estaba impago hacía más de tres meses. Un año antes era el 9,5%. Casi se triplicó en doce meses.
Lo llamativo de la comparación entre ambos datos es la velocidad del deterioro.
En los bancos pasó algo parecido: la mora de las familias pasó de 6,6% a 11,2% en el último año.
Los motivos por los que las personas dejaron de pagar sus deudas, con estos saltos tan grandes en todas las entidades financieras, tienen explicaciones sistémicas.
“Es la economía, estúpido”, dice la famosa frase.
Empecemos por el precio. Los préstamos en entidades no bancarias se otorgaron a una tasa promedio anual de 288,2%. El mismo préstamo en un banco costaba 96%. Con una inflación anualizada del 35% ese mes las tasas reales fueron fuertemente positivas en los dos casos: 193,5% y 47,3% respectivamente.
Sigamos por el ingreso. El poder de compra de los salarios registrados cayó un 3,5% entre junio del año pasado y febrero de este año. Esto se traduce en que el sueldo alcanza para menos cosas que cuando se contrajo la deuda. Las matemáticas juegan en contra.
Ese apretón también tiene un correlato en la actividad.
En febrero la economía cayó 2,6% respecto de enero. Pero el promedio de la evolución de la economía oculta dos países distintos. Mientras que la minería creció casi 10% interanual y el agro más de 8%, la industria cayó 8,7% y el comercio, 7%.
Los sectores que crecen emplean a poca gente. Los que se desplomaron no solo emplean a muchas más personas, sino que también dependen de que alguien compre.
Hay un dato que sugiere que el problema es de plata y no de voluntad.
Casi seis de cada 10 personas que deben fuera del sistema bancario también le deben a un banco. Esto quiere decir que no son un universo aparte de deudores riesgosos los que se endeudan con las fintech o para comprar electrodomésticos, sino que le deben a varios “prestamistas”.
Este grupo endeudado por fuera del sistema es también el que más incumple con los bancos.
Cuando alguien deja de pagar el crédito caro (con tasas de interés más altas) y también el barato, no está eligiendo a quién pagarle. Se quedó sin margen para pagar.
Qué dice el gobierno sobre el fenómeno
“No les pusieron una pistola en la cabeza”, respondió el presidente Javier Milei cuando le consultaron si consideraba que la mora era un problema.
Con esa expresión, el primer mandatario aseguró que el gobierno nacional no debería tomar ninguna medida, puesto que el asunto es “un problema entre privados”.
El ministro de Economía, Luis Caputo, también defendió la postura del presidente. “No hay que confundir la empatía con las políticas públicas”, dijo. Además, señaló que los bancos están refinanciando las deudas.
Esta semana, el ministro brindó una conferencia de prensa para anunciar la decisión del gobierno nacional de impulsar los créditos hipotecarios, destinando parte del dinero de las pensiones (que está en el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de Anses) a financiar este tipo de préstamos.