Es bien sabido que el rápido crecimiento de Vaca Muerta está posicionando el yacimiento para convertirse en un motor económico central para Argentina. Lo que quizá no sea tan conocido es que el proyecto también tiene el potencial de abordar varios cuellos de botella estructurales de la economía argentina.
Sin embargo, una de las más inusuales no se halla en el sector energético sino en la agricultura. Más específicamente, se refiere a los fertilizantes, ya que uno de los más importantes, la urea, se produce a partir del nitrógeno, que puede extraerse del gas de Vaca Muerta.
La semana pasada, el gobierno de Javier Milei aprobó la entrada de Fértil Pampa, un proyecto energético desarrollado por Pampa Energía, al Régimen de Incentivos a Grandes Inversiones (RIGI).
La empresa invertirá cerca de US$2,7 mil millones en la construcción de una planta de urea en la ciudad de Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires.
Hace dos semanas, Profertil, el mayor productor de fertilizantes del país, informó a los inversionistas que planea construir otra planta de urea, también en Bahía Blanca.
La importancia del proyecto
El analista agrícola Javier Preciado dijo al Herald que los desarrollos en el Golfo Pérsico “exponían la vulnerabilidad del sistema agrícola global a las cadenas de suministro de energía y fertilizantes.”
De las 2,3 millones de toneladas de fertilizante que demanda Argentina, poco menos de la mitad se importa. Estos productos provienen de algunos de los países involucrados en el conflicto en el Medio Oriente, entre ellos Arabia Saudita, Kuwait y Omán.
Preciado añadió que una vez que las inversiones de Profertil y Pampa estén terminadas, Argentina producirá aproximadamente 4,5 millones de toneladas. Esta cantidad no solo satisfaría la demanda interna, sino que también generaría un excedente exportable que podría enviarse a Brasil.
“Es extremadamente importante para Argentina y significativo para Brasil,” afirmó Preciado, explicando que el país vecino importa entre 7 y 8 millones de toneladas de urea cada año.
Brasil representa casi el 80% del consumo regional y constituye el principal mercado potencial para la nueva producción.
Preciado también señaló que una de las ventajas para los agricultores argentinos de producir urea de forma doméstica es que podría reducir el costo del insumo, lo que a su vez aumentaría los márgenes de beneficio de los agricultores.
Esto se debe a que su precio ya no dependería del costo de importarlo —incluido el costo de enviar el fertilizante desde el Medio Oriente—, sino del costo de exportación, ya que se fabricaría localmente.
El analista agrícola afirmó que esta producción podría ponerse en producción en los próximos seis años y permitiría que Bahía Blanca se convierta en el mayor hub de fertilizantes nitrogenados de Sudamérica.
“Será importante a nivel regional,” subrayó Preciado.
Para ilustrar su punto, el analista señaló que Argentina tiene acceso irrestricto al Océano Atlántico desde una región “sin escenarios de guerra.” También agregó que el país es un “garante de la seguridad alimentaria global” debido a su producción a gran escala de oleaginosas y granos.
En 2025, los países del MERCOSUR y Chile importaron conjuntamente 10 millones de toneladas de urea por año, con un valor de aproximadamente US$4 mil millones, según un estudio reciente de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) y del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF).
El mismo estudio también enfatizó que la disponibilidad de este insumo “es estratégica” para una región que exporta más de US$250 mil millones en productos agrícolas cada año.