Hace un mes murió en Argentina el icono del rock Carlos Indio Solari, el 5 de junio. Su fallecimiento provocó un duelo nacional, con miles expresando su profunda tristeza en las redes sociales, y un funeral que se convirtió en uno de los memoriales públicos más grandes de la historia local.
Aunque Solari había estado al frente del grupo Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado desde 2004, fue su anterior papel como vocalista de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (1976-2001) lo que afianzó su estatus en la cultura argentina.
Prácticamente desconocidos fuera de las fronteras argentinas, los “Redonditos”, como se les llama, siguen siendo una de las bandas de rock más influyentes y queridas del país. Su estatus de culto se extiende mucho más allá de la música y llega al ámbito de la identidad colectiva, con fans citando sus letras como mantras personales y tatuándose sus logotipos e imágenes.
Todo comenzó, sin embargo, con la música.
Liderados por el cantante y letrista Indio Solari, junto al guitarrista Skay Beilinson, la banda combinó influencias del rock, blues, post-punk y psicodélica con grandes melodías y versos enigmáticos llenos de referencias políticas, sociales y existenciales.
Entre sus primeras pasiones por los héroes de los sesenta — The Beatles, The Rolling Stones y Led Zeppelin — y las influencias del rock industrial y del trip-hop de los noventa — Nine Inch Nails y Massive Attack — abrazaron una amplia gama de estilos, y eso se reflejó en sus discos.
Aunque la banda empezó a tocar en 1976, pasaron ocho años de actividad subterránea antes de obtener su primera oportunidad de grabar de forma oficial. En su apogeo, lanzaron nueve álbumes de estudio y un directo que fue casi no autorizado. Cada disco puede escucharse por separado, pero la experiencia en orden cronológico permite seguir con detalle cómo evolucionó su sonido a lo largo de dos décadas.
Gulp! (1985)
El esperado debut de la banda presentó su identidad distintiva y mostró canciones que se convertirían en favoritas de sus primeros shows en teatros y bares, donde su estilo tenía un aire de cabaret teatral y toques de happening artístico de los sesenta.
Desde el punto de vista musical, Gulp! fusiona el rock con base blues, la energía punk y riffs de guitarra afilados, con temas como La bestia pop, Superlógico, Unos pocos peligros sensatos y El infierno está encantador esta noche. Las letras de Solari son deliberadamente crípticas, mezclando imágenes urbanas e ironía, invitando a múltiples interpretaciones en lugar de una narración lineal.
Oktubre (1986)

La obra maestra de Los Redondos, Oktubre, presenta una atmósfera más oscura y post-punk, inspirada en la incertidumbre política de la época y en la imaginería de la Revolución Rusa de 1917. Los miembros de la banda seguían siendo el guitarrista Tito Fargo, el saxo Willy Crook y el batería Piojo Abalos, quien abandonó el grupo poco después.
Entre los temas destacados se encuentran Preso en mi ciudad y Motorpsico, así como el icónico Ji Ji Ji. Este último se convirtió en el himno definitivo del rock en vivo de Argentina, famoso por provocar que multitudes inmensas salten al unísono para bailar pogo alocado, alcanzando más de 400.000 personas en la última gira en solitario de Solari en 2017.
Un balón para el ojo idiota (1988)

Este disco amplió el alcance sonoro de la banda, introduciendo arreglos más pulidos sin abandonar sus letras características ni los pegadizos riffs de guitarra. En esta entrega debutaron nuevos miembros: Walter Sidotti (batería) y Sergio Dawi (saxofón).
Entre las pistas destacadas figuran Todo un palo, Noticias de ayer, Masacre en el Puticlub y Vencedores vencidos. Las canciones abordan temas de alienación y malestar social sin llegar a convertirse en manifiestos políticos explícitos.
¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado (1989)

La creciente popularidad del grupo fue acompañada por una impresionante cosecha de nuevos éxitos, como Héroe del whisky, Esa estrella era mi lujo, Nuestro amo juega al esclavo y Rock para los dientes, una sobrecarga de recursos y melodías memorables mientras se mantiene la ambigüedad poética de Solari.
El álbum consolidó aún más a Los Redondos como la principal agrupación de rock de Argentina, con una serie de presentaciones en el emblemático estadio Obras, con capacidad para 5.000 espectadores.
La mosca y la sopa (1991)

Otro álbum memorable, con letras inspiradas y arreglos pegadizos. Mi perro dinamita, Tarea fina, El pibe de los astilleros, Un poco de amor francés y Salando las heridas se convirtieron en nuevos clásicos duraderos gracias a su intensa rotación en programas de televisión y en la radio FM de alcance masivo.
Una vez más, las letras exploran el amor, la cultura popular y las contradicciones de la sociedad moderna a través de metáforas vivaces.
Lobo suelto, cordero atado (1993)

Lanzado como dos álbumes complementarios el mismo día, este ambicioso proyecto mostró el pico creativo de la banda. El sencillo inicial fue Susanita, pero el conjunto doble en CD o vinilo también incluía éxitos como Un ángel para tu soledad, La hija del fletero, Yo caníbal y Caña seca y un membrillo.
La grabación ilustra la habilidad del grupo para alternar entre hard rock, blues y texturas experimentales, sin perder sus narrativas filosóficas, a menudo surrealistas.
Luzbelito (1996)

A loose concept album centered around the fictional son of the devil, Luzbelito presents one of the band’s darkest musical landscapes, where the heavy guitar sound is complemented by recurring biblical imagery.
Throughout the recording process, Solari and Beilinson debated over different concepts for the album, ranging from a collection of unreleased songs from their beginnings to a new batch of original compositions.
They included unreleased old hits Mariposa Pontiac and Rock del país along with tracks like the epic closing Juguetes perdidos. The latter became one of the band’s most emotional and celebrated songs, dedicated to fans that filled football stadiums with huge banners identifying their neighborhoods, cities, or groups of friends.
Último bondi a Finisterre (1998)

Always willing to evolve, the band embraced electronic textures and industrial influences without abandoning rock. Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina en Cyberespacio, Estás frito Angelito, Gualicho, and Pogo demonstrate a bold sonic shift that seemed controversial at first but was later recognized as one of their most adventurous works.
Momo sampler (2000)

Su último álbum de estudio bebió de ritmos nuevos como el candombe y la percusión latina, todo dentro de un formato rockero. Canciones como Sheriff, Dr. Saturno, Una piba con la remera de Greenpeace y La murga de la Virgencita ofrecen un adiós creativo mientras se mantiene el enigma lírico característico de la banda.
Con ello se cerró una carrera que se reinventó de forma continua sin renunciar a su independencia artística.